jueves, 24 de septiembre de 2009

Dia raro hoy? No, para nada!!

Que ganas de tomarme un bife con papas no sé!
Que ganas de comerme un rico te con limon!
Que ganas de pescar un Dalmata. Uno, no cien, ni 101!
Que ganas de que me pique una Jirafa y que me agarre Jirafa Hemorragica!
Que ganas de hablar con un poste de luz artificial, el mas artificial que pueda encontrar!
Que ganas de mirarme en el cemento y ver en su no-reflejo, mi cara sin un solo pozo (entiendase marca de acne)
Que ganas de tirarme desde la planta baja a un noveno piso por la escalera!
Que ganas de caminar con las manos y volar con las orejas, como Dumbo!
Que ganas de darle mani con cerveza al elefante del zoo de Cutini!
Que ganas de vaciar los cementerios y los hospitales, dejarlos huerfanos de muerte!
Que ganas de ponerme una pollera (uh esto no iba!!!).

jueves, 17 de septiembre de 2009

Sublimando....(casi todo)

Lo bueno de viajar en el 71 todas las mañanas y especialmente la de estos últimos dos días es que al momento de elegir entre degollar al colectivero o sublimarlo todo, yo opto por lo segundo.

Si hay una mosca dentro del vehiculo, no tardo mas de 5 segundos en considerarla un arcángel que con su trompeta afinará, junto al oído al que decida acercarse, la mejor versión de la preferencia musical del inusual oyente. Debo confesar que no siempre quiero ser yo, más allá de mi sublimación.

A veces me pasa que ante los vidrios empañados por el sofocante calor en el interior del transporte y la poca cooperación de los pasajeros, que protegidos del frío del afuera no abren una ventanilla ni con la orden de juez, dibujo grandes formas creyendo que todas esas ventanas son grandes lienzos blancos donde dejar la marca matutina de un día de Agosto, en este caso.

Puede que le resulte inexplicable, pero es tal la sublimación, que ante la multitud reunida en el interior del colectivo me creo parte de una ficha de Tetris, que manejada por mi propio joystick y por la fisonomía de las demás piezas, trata de ubicar su mejor lugar, con el fin de que de a poco el espacio sea el mas holgado para todos. Durante estos dos últimos días, jamás me enfrente a una maquina expendedora de boletos, sino que tire $1,25 en monedas de $0,10 y claro esta, una de $0,05. Sino la cuenta no da, vio! Bue…como le decía, tire esas monedas en el interior de una maquina tragamonedas que como de costumbre nunca me premio, pero por lo menos me regalo un papel que en los días convencionales llamo boleto pero se trasformó, gracias a mi sublimación, en señalador del libro que esta leyendo la señora de aquel asiento. La ve?

El chofer no fue ese de gesto adusto y atónito ante el saludo de un nuevo día, sublimado lo pude ver como aquel señor pelado que fumaba mucho y se bancada nuestros juegos en su micro escolar. El inolvidable micro de “Bachi”.

Sublime. Seguí sublimando, al punto que me creí el personaje principal de una película de terror, que parado detrás de un hombre que maneja y con un cuchillo en la mano, contuvo su furia, tocó timbre y se bajo. Que camino hasta su trabajo, bue..acá la sublimación se va a la mierda.

martes, 8 de septiembre de 2009

El 113


Si hay un colectivo en el que siempre me gusto viajar, ese fue y es el 113.
Ya sea desde San Justo, donde la mayoría de veces lo tomé por amanecer exaltado por la voz del chofer que grita "terminal", o desde Barrancas (donde empieza o termina su recorrido) donde al momento de sacar el boleto, el ruido del tren hace que todos giremos la cabeza en búsqueda de su encuentro que se vera impedido por la presencia de una agencia de quiniela. Si tiene tiempo, hoy sale el 22.
El tramo que mas me agrada realizar, ya sea con el flaco Spinetta acariciándome el tímpano o con Julio y su "otro cielo", es el que va desde Los Incas y Triunvirato hasta Mosconi y San Martín, en el barrio de Lomas del Mirador. Si el punto de partida fuese el de llegada y viceversa, el viaje no resignaria placer.
Sumergirse en el túnel de Chorroarin para salir a la facultad de Agronomía, conocer bien por adentro el misterio de las calles de Flores, recorrer la avenida Emilio Castro. Haga un alto, bajase del colectivo por mas contradictorio que le parezca, dirijase a la pizzeria "La Corvina", comase un par de empanadas de carne y vera que esperar el colectivo para continuar camino es parte del postre, tan rico, que culmina por degustarse en la Avenida Mosconi esquina San Martín.
A pesar de sus, bosteros, colores, ver venir el 113 a lo lejos es una experiencia que merece ser vivida.
Tomeselo. Le pago el boleto.

miércoles, 2 de septiembre de 2009

Memorias del pan tostado con sal, aceite y limon

En un instante viaje en el tiempo y me encontré mas joven, parado en la vereda de la calle Alpatacal esquina Martiniano Leguizamón con la mirada hacia la calle Patrón, donde estaba nuestra única y verdadera casa, allí donde nos sentíamos cómodos todo el tiempo, donde todo era jugar, reír y llorar, andar en bicicleta, colgarse de las ramas y trepar a lo mas alto que podíamos imaginar o alcanzar, para ser más exacto.

La plaza del Hospital Santojanni, como resulta conocida al común de la gente, porque se sitúa justo enfrente del centro de salud y porque también fueron terrenos donados por la misma familia, fue un oasis en nuestra infancia. En la Plaza Santojanni , los goles valían de todos lados, los arqueros volaban de palo a palo hubiese o no pasto. Las canchas tenían las dimensiones menos pensadas y hasta se podía hacer una pared con el tobogán, que el juego continuaba (que me vienen con el showball!), incluso a veces esos pases entre un jugador y un juego de plaza eran los mas eficaces para dejarnos delante del arquero y definir, bien o mal, eso siempre dependió de la suerte y del talento en dimensiones similares.

Era nuestro lugar. Allí el tiempo se disolvía, algunos afirman que había un viento que le impedía tocarla y siempre lo empujaba hacia otros destinos un tanto mas disciplinados. Aquí la tierra con sus piedritas rojas, tan características de las plazas, dejaban marcas no sólo en la ropa sino también en el cuerpo, sobre todo cuando uno era barrido o barría al son de un empate en 11, cansador y que terminaría premiando al que convertía el gol con mas rapidez.

Si eramos pocos, jugábamos al “ 25” , sino al “Arco a Arco”, por lo general no había prenda, a lo sumo una patada en el culo a quien corresponda. El tema era hacer el gol mas lindo y que valiese más. De palomita, de taquito, como nos gustaban los centros llovidos para la chilena y la pelota a las nubes. Si eran vacaciones, desde la mañana hasta la tardecita/noche ahí, salvo que venga la madre o abuela de alguno y nos pegue un grito intimidador y certero al que una mueca de disgusto encendía la furia del “cocine y no apareciste”.

Recuerdo que los Domingos, me gustaba atajar, porque me llevaba la radio del papá de alguno de los pibes y mientras jugábamos, escuchaba la transmisión de los partidos y avisaba de los goles que tenían lugar en cada encuentro, situaciones de penales errados y expulsiones. ¿Vestigios de la vocación?.

Que recuerdos tan maravillosos. Que lindo poder ver esas imágenes tanto tiempo después con un simple viaje en los días.

Viaje, que sí, no puedo explicar, porque lo comencé hace 5 minutos cuando terminaba de tostarme unos panes, para luego de rociarlos muy levemente con aceite de oliva, acariciarlos con sal, bañarlos con grandes gotas de limón e introducirlos en mi boca y así sentir ese gusto tan de esos años e instantes.

Ahora como un pan tostado produce eso, es mucho más complejo de explicar…ahí viene el delantero, yo escucho la radio, se acomoda, va a patear, lo hace y gollllll, gol de San Lorenzo, el “Beto” Acosta. Ah y gol de los pibes de la calle Cafayate, perdimos 12 a 11……