lunes, 25 de enero de 2010

El asiento solitario (la duda del Pelado Santa Cruz)

¿Por qué? Él siempre que hablamos de los colectivos y sus cualidades innatas, me pregunta: ¿Por qué?.
Al observarlo contar la situación entre gestos y ademanes, es posible situarse en el lugar del hecho; ver al pasajero retirar el boleto y depositar su mirada en el asiento que próximamente tomará su forma. Es en ese instante en el que a él la pregunta se le vuelve inevitable, es ahí cuando la duda lo constituye de pies a cabeza, es allí donde el por qué se vuelve urgente. Sabe que ese pasajero se dirigirá por el pasillo y elegirá el asiento solitario. Pero por qué elige ese asiento es la duda!
Según los enviados de la comunidad Mogolistar, todo esta vinculado con un problema comunicacional; “es que estamos tan comunicados y tan conectados todo el día, que la gente necesita desenchufarse un poco, es como tipo que la gente esta saturada”, sostienen. Sin embargo, hay otro grupo de analistas colectivos, que adjudican tal elección a la continuidad del anonimato que implica la gran ciudad, sus avenidas y los pochocleros del Parque Rivadavia.
Una minoría, hace ya unos años que viene sosteniendo la teoría de que aquellos que eligen el asiento solitario, ese que se encuentra sobre todo en la fila de la derecha si uno tiene la visión del que acaba de sacar boleto, lo hacen por el nombre que llevan, entiéndase: Soledad, Consuelo, Segundo, Primero, Dolores, Mía, entre otros.
Un grupo de fundamentalistas de Palau, atribuye tal decisión a una actitud precavida y ante todo solidaria, puesto que consideran que aquellos que escogen dicho asiento, lo hacen porque saben que se dormirán en el trayecto y que emulando a Passarella cuando iba a cabecear un centro de Luque sin importarle nada ni nadie, arrojan cabezazos “a troche y mouche (?)” o, en su defecto, reconocen que su baba, producto de la boca abierta al dormir, siempre les deja una señal en la remera que llevan puesta; evitando así el pesar a los demás pasajeros.
Teorías que tratan de despejar las dudas, para ser mas preciso, la duda que por momentos constituye al Pelado Santa Cruz, al que me encuentro sentado en la mitad del colectivo, en el asiento de uno y me pregunta: ¿Por qué?. Decime por qué!
Quedando claro, cómo en la mayoría de las preguntas, que la respuesta esta en uno…….en uno de los asientos de la fila de los solitarios.

lunes, 18 de enero de 2010

Viajes dentro de viajes

Cansado ya de caminar las mismas cuadras y esperar religiosamente el colectivo en Pacheco y Olazabal, sabiendo que sudare las gotas que en otra época del año serian las mismas que mi cuerpo expulsaría en por lo menos tres días (no sera mucho?), he decidido cambiar de linea de colectivo. El 71, ya no se ocupa de mis mañanas y mis pensamientos que se debaten entre la vigilia y el sueño postergado; ahora camino un par de cuadras mas (no estoy siendo literal) y luego de sortear otra avenida, esta vez, Alvarez Thomas, detengo mi marcha en Acha y Olazabal, dispuesto a esperar el 93.
No llega nunca en el mismo horario que el día anterior pero por lo menos viajo mas cómodo, al punto que al hacer algunas cuadras del recorrido que inevitablemente (y por ahora) me sigue depositando en mi responsabilidad menos deseada, suelo sumergirme en los destinos mas diversos, algunos ya conocidos y otros por conocer.
Por ejemplo, el otro día y justo cuando el colectivo se disponía a doblar en una de las tantas esquinas que incluye la peripecia sobre ruedas, me encontré casi sin comprenderlo (y para que?) a orillas del río Baradero, caña en mano y en la restante, un mate esperanzador. El fuego crujía hasta convertir todo en brasas, que luego asarían vaya uno a saber que delicioso manjar; el sol brillaba sin atenuantes y el agua era un espejo encantador, uno de esos en los que vale la pena observarse y detenidamente.
Antes de ayer, luego de caminar las mismas cuadras y una vez arriba del transporte publico color arena, aparecí al cabo de unas cuadras en la Unter den Linden a los pies de la Branderburguer tor. Recuerdo que no podía dejar de mirar para todos lados, el contexto me inundaba de sensaciones muy dificiles de transformar en palabras. Todo era extraño y familiar a la vez, "todo dura un instante y para toda la vida".
Hoy también hice el mismo recorrido con mis extremidades que culminan en pies, hoy también espere el 93 y sin embargo hoy me encontré en un lugar al que nunca había imagina llegar. Estoy en la Luna, no se si es un pequeño paso para el hombre y un gran paso para la humanidad, solo se que aquí no hay colectivos, imagino por lo intransitable de la superficie. Aquí, no hay carteles de haciendo Buenos Aires ¿sera por que no hay empedrado que levantar?
En fin, viajes dentro de viajes. En fin, una manera de soportar tanta locura. Locura colectiva por sobre todas las cosas.