viernes, 26 de marzo de 2010

Poesia de encendida pregunta (Alegria idiota de Viernes)

Viste combinando colores
pero sus zapatos siempre son blancos
Su mente gira y gira
apretada por un dedo ansioso
tiene luz propia
y me brinda calor
suele esconderse
pero siempre aparece
¡¡menos ahora!!
¿Donde esta mi encendedor Bic?

viernes, 19 de marzo de 2010

Gualicho

Son cerca de la una de la mañana y el cielo no cesa en su intento de besar aquello en donde para algunos hay que tener los pies y en donde, para otros, hay que saber caminar con las manos.
La pava esta a punto, también llena de agua. La yerba comienza a mojarse y no estoy en Juan B. Justo y Santa Fe. Tres amargos y uno dulce. Sumerjo la mano en un paquete de maíz inflado, me inundo la boca del aireado cereal y me cebo, con mucho agua, un mate cáustico.
Sigue lloviendo.
Las gotas pegan en los techos vecinos y estallan millones, en pequeños salpicones, evidentemente no de ave, inofensivos, hasta que se juntan, se solidarizan, se reúnen los unos con los otros y la ciudad colapsa.
No andan los trenes, Palermo bajo el tsunami de TN y America, se apagan los barrios, la vecina dice que "hay que matarlos a todos y que la culpa es sobre todo de los peruanos y los bolivianos que nos vienen a robar el trabajo; y también de los chinos que apagan las heladeras a la noche, cuando cierran el negocio" (?).
Puede ser chaparrón, pero también tormenta, Mauricio. 

viernes, 12 de marzo de 2010

Los sueños

Son los primeros días del mes. Uno de ellos está comenzando y mientras todos duermen, él regresa a su antigua casa.
Volver, después de haber vaciado las copas, utilizado un sin fín de palabras, a veces con sentido otras no tanto y con el sol iluminando los vestigios de una mañana que se debate entre aullidos lejanos y cantos diversos; como les decía, volver caminando, como siempre, es una tarea ardua pero encantadora.
Quizás vengan unos mates como para confundir la noche con el amanecer, tal vez para prolongar aquello que el tiempo se encarga de interrumpir. Los parpados pesan. El sueño comienza a relamerse en la victoria y de pronto, hay un perro que nos quiere morder en nuestro lugar de trabajo donde jamás hubo un animal, además de los empleados; la carpa comienza a inundarse cuando hasta hace tres segundos atrás estábamos en Corrientes y Callao.
Todo es extraño y cotidiano: estamos en casas con gente que nunca habito en ellas y que, me animaría a afirmar, ni siquiera conocen. Sin embargo, sentimos que debíamos haberle avisado a nuestro amigo que el cumple se festeja mañana al mediodía u ¿hoy al mediodía?
Como corren estos tiempos de velocistas de IPhone, enviamos un mensaje de texto que llegará y confundirá al receptor, quien responderá inmediatamente ¿De que estas hablando?
Ya estamos completamente despiertos, entre lagañas y mal aliento, reímos. Somos una gran sonrisa naciente. Recordamos, aprovechando el borramiento de las fronteras simbólicas, que una fuerza placentera nos indicaba el momento exacto de nuestro descanso. Sabemos, mientras reímos, que ese perro puede ser nuestro jefe o el de la rotisería que nos vendió la milanesa hecha con aceite quemado y que tan bien nos cayo! Llegamos a la conclusión de que por el centro porteño compramos nuestra mochila, la que utilizamos en el viaje aquel, en el que se nos inundo la carpa una noche maravillosamente lluviosa en el lago Falkner y que entre aquellos que nos acompañaban, estaba ese que cumplía años, del cual debíamos dar aviso.
Reímos cuando nos damos cuenta que el mensaje que enviamos fue después de abrir los ojos y que al que se lo emitimos era parte de esos sueños.
Sueños, que gracias a una hermosa cualidad innata, son parte de la realidad que soñamos despiertos….y que los cumpla feliz!!

jueves, 4 de marzo de 2010

Berlin 08´

Desde la perspectiva de mi cuerpo, no sólo de mis ojos, podía observarse una cortina corrida que daba lugar a una ventana abierta por donde la luz entraba e inundaba el cuarto. Un cuarto nunca antes visto, ahora si, por mis ojos en 27 años de existencia. Lleno de trenes en miniatura, de libros y revistas separadas por temas, por lugares geográficos, por gusto al fin, pero de una forma reveladora. Todo esto y lo demás cubierto por una evidente suciedad, esas que reflejan que alguien habita el lugar pero que no se detiene en la limpieza ni superficial ni profunda.
Desde esa perspectiva también podía ver la figura de alguien con una enorme cabellera rubia llena de rulos, que apoyado sobre el marco de la ventana, miraba a la calle, calurosa de verano alemán. ¿Qué veía? No sé.
Sonaba Piazzolla. Sonaba “Adiós Nonino”.
Era nostalgia. Era recuerdo.
Pensando en vos siempre, siempre extrañándote.