domingo, 25 de julio de 2010

Aquellos años de bolsa de agua caliente entre los pies


La llegada del invierno a nuestros días, días de cielo gris, en los que el sonido de la estufa es un tanto más familiar, no sólo genera mas consumo de gas, de guisos de lentejas (riquísimos guisos de lentejas!) y de lana, sino también de baños de sofocación que tienen lugar, usted ya sabe, en los enormes y movedizos colectivos de nuestra ciudad esquizofrénica.


Es real que uno mientras lo espera, desea estar un rato a salvo del frío entre sus pasajeros, sin embargo, al momento de subir, nos golpea la cara y luego se expandirá por el resto del cuerpo, una ola de calor humano, en este caso, con connotaciones negativas. La primer sensación es la de querer sacarse la bufanda que no se tiene puesta, de sacarse el pullover pero primero esta la campera y qué hago con las dos cosas en la mano en este mar de gente.


Luego, inmediatamente, la vista nos enfrenta al vapor reflejado en las ventanillas llenas de gotas en un día en el que no esta muy cerca la tormenta. ¿Tan fuerte es la sensación de un hilo de frío ingresando por medio centímetro  en relación a la posibilidad de respirar un poco mejor? Pequeños fragmentos de lana de repente en nuestras bocas, el problema de toser sin poder taparse y que la nuca del destinatario se encuentre a 12 centímetros.


A esta altura ya nos ventilamos el cuerpo agarrando con una mano a la altura de la nuez las prendas que llevamos puestas y moverlas con rapidez para que ingrese algo parecido al aire. La frente, a su manera, nos muestra su dolor; y los lentes nos dejan ciegos de tanto en tanto……


Nos bajamos, el frío nos hace sentir el correr de la sangre…llegamos al trabajo y con una mueca de felicidad pensamos en la bolsa de agua caliente entre los pies de aquellos años, ya pretéritos…

sábado, 10 de julio de 2010

Un poco de amor francés (o para una mañana de lluvia...)

El otoño tiene mañanas como estas, en las que mirar por la ventana irremediablemente lleva al lamento de no poder quedarse en casa tomando unos mates, quizas algun que otro pan tostado (ya saben con qué!) para acompañar, prender la radio y que el dia fluya entre cebada y cebada, entre renglones y tinta, entre aureolas de humo y la luz del sol que llega diezmada por las nubes...
Cada gota que hay en el vidrio de la ventana, producto de la llovizna, es un argumento mas para desear agarrar el paquete del yuyo verde, con o sin palo, volcar una cantidad arbitrariamente elegida, hundir en ella la bombilla que compramos en San Pedro (usted lo recuerda señorita!) y mojar lentamente la yerba dejando caer el agua caliente de la pava en la union de la bombilla y el verde yuyo....esperar unos segundos e ir a su encuentro......ya no estamos solos, hay otro en la casa; no habla pero nos escucha, nos acompaña en la lectura y en la cocina, no nos pone horarios....que rico mate me acabo de tomar recien....

martes, 6 de julio de 2010

Copernico, Lacan y yo arriba del bondi en la Gral. Paz

A medida que fui creciendo, a la par de mi nariz, comprendiendo lo inentendible o entendiendo lo incomprensible, tuve revelaciones que golpearon mi narcisismo, que calaron hondo en mis huesos, por los poros, en los pelos que me salen en las orejas…
 
Saber que la Tierra no es el centro del Universo, más allá de los esfuerzos de los paladines de la teoría geocéntrica, y que, como nos mostraron hace ya algunos años Galileo y Copérnico, es la Tierra la que gira en torno a la estrella de la luz, el Sol, me provocó un estrepitoso decaimiento en el estado de ánimo. No era la Tierra el centro de todo y yo como habitante de la misma tampoco merecía tamaña envergadura, sin embargo no claudiqué en mi afán de sentirme el ombligo del mundo, pero como la suerte es grela, aparecieron otros muchachos (Freud y por sobre todas las cosas, Lacan) que no contentos con mi primera decepción y posterior levantada, me remataron trayendo a mis días, mis años, mis estudios y a mi casa (?), la interesante idea de que yo soy un sujeto en tanto inconsciente, o sea, soy aquello que de alguna manera no sé…ahí, pensé que moría, que nada peor podía suceder para mi hermosa idea de ser el mas lindo, el mas grande, el mas inteligente, el mejor pasajero…..
 
Pero llego el día en que todo cambio, en que aquellas teorías tan interesantes, tan importantes para la historia, el mundo, las mentes, los divanes, los telescopios y que tanto atentaban contra mi narcisismo cayeron derrotadas por una teoría mucho mas fuerte, mas certera, mas palpable, mas peligrosa aun y que logró derrotar mi ideal de mi, esa idea acabada de mi como un ser alucinante, brillante, con luz propia…….la teoría en cuestión sostiene que tomarse un colectivo ya sea en la Gral. Paz como así también en la Panamericana en dirección al Riachuelo a las seis de la tarde, no sólo atenta contra cualquier psiquis, sino que además daña cualquier físico, pero por sobre todas las cosas da ganas de no ser un sujeto de este planeta, llamado Tierra…de colectivos de mierda y tránsito sin fin…