martes, 31 de agosto de 2010

El gol de Varallo que ví...(Quizas fue en colectivo y no me conto nada....)

Seguramente estaría incurriendo en una contradicción temporal al decir que habiendo nacido en 1980, tuve la posibilidad de ver un gol de Francisco Varallo en vivo y en directo, sin embargo, créanme que no.
Tuve, tengo y tendré abuelos futboleros y uno de ellos, calvo él, de pequeña estatura y contextura física (si no son lo mismo en la jerga), compañero de ruta desde temprana edad, capaz de armar un escándalo por la rotura de un vaso como así también de hacer de un hecho serio una comedia literaria (gutural), jugador de escoba y de las dos y tres cifras…el abuelo Pedrito (y te encargo la factura!!)
No contaba cuentos de príncipes ni superhéroes de poderes sobrenaturales sino, mas bien, era un narrador de anécdotas, de esas que con el tiempo siempre mienten un poco (siempre fue así….!); y entre ellas, está aquel gol de Varallo en cancha de Independiente. Su hermano Sengo, lo llevaba a ver al club de Avellaneda aunque él fuera hincha de Boca (no se entienda esto como una obligación, si así lo hiciese abandona la lectura de dicho texto) y esa tarde, justamente, el local enfrentaba a su equipo, a su cuadro y él estaba del lado en el que las camisetas rojas predominaban.
Jamás hizo referencia a la fecha, evidenciando que el tiempo es una sensación y no la razón puesta al servicio de un reloj; tampoco evocó el resultado del partido al quedarse sumergido en ese instante que durara para toda la vida. Varallo tenía como compañero a un jugador paraguayo llamado Benítez Cáceres, flaco y petizo, escurridizo y veloz, quién tomó la pelota en tres cuartos de cancha y al tiempo que buscó a su compañero Varallo enmudeció a la tribuna local. El silencio posibilitó que mi abuelo, Pedrito, escuchara el grito del goleador a su compañero “por el medio petizo!!!” y viera casi al unísono el empeine del paraguayo bajo el esférico pesado y marrón, para después observar la dirección del mismo por encima de la cabeza de los centrales de Independiente que cuando se dieron vuelta vieron que Francisco Varallo estaba rematando de manera tal que cuando el arquero atino el gesto estéril, tenía ya un gol en contra y la boina en el fondo del arco junto al balón.
Juro que lo vi mientras él me lo contaba, juro que será uno de los goles mas lindos que habré visto en vivo y en directo, uno de esos que se sienten para toda la vida…..

martes, 17 de agosto de 2010

Viaje musical

El autor intelectual (?)
Si bien es cierto que el 74,23% de los pasajeros cuando viajan, duermen; ¡incluso los que van parados!, es real tambien que un porcentaje significativo va escuchando musica mientras los pozos, las luces de los semaforos y los taxistas son sorteados con diversas suertes.
Ahora bien, en el último tiempo se ha vuelto una costumbre inevitable para algunos pasajeros socializar sus gustos y preferencias musicales, ya no sólo con remeras adolescentes (las que he usado, eh!) de los grupos que mas les gustan ni con gestos ampulosos de cabezazos al aire entre pelos largos y tachas, sino con una posibilidad que ofrecen los pequeños y diminutos aparatos de la incomunicacion por falta de credito, de señal o saturacion de sistema, como son los celulares...
La experiencia cotidiana de viajar en colectivo se ha vuelto musical sin eufemismos y con literalidad; los altavoces de estos "alien duce" nos sumerjen en un confluir de estilos musicales, ¡que no tendria el acento negativo si no fuesen las ocho de la mañana!
Asi como pasa con los que leen y hacen lo imposible para que uno sepa lo que estan leyendo, agarrando el libro de tal o cual forma, lo mismo ocurre con estos solidarios del ritmo, a los que por lo visto, no les alcanza con que viajemos apretados sino que ademas no podamos dormir como el 74,23% de los pasajeros lo hacen...

martes, 10 de agosto de 2010

Patas Arriba. Pelos Parados

El deseo efimero

Una de las experiencias que mas se viven dentro de un colectivo además de viajar como el orto, es la de tener la dicha de tomar un bondi y que suba, luego de que nos sentamos junto a la ventanilla del asiento que permite la compañía, una persona de figura atractiva.
Como quien no quiere la cosa, miramos en derredor para ver cuantos asientos vacíos pueden privarnos de tal belleza. Nos acomodamos mejor en el asiento y disimuladamente miramos por la ventanilla aunque de reojo pispeamos el paso del deseado pasajero.
Vemos que ya evito dos posibles obstáculos vacíos, que se nos acerca, que mirarnos será inevitable pues cuando se esté por sentar a nuestro lado nos correremos emulando dejar bien libre el lugar.
¿Le hablo? ¿Me hago el interesante y saco el libro de la mochila? ¿Dejo caer una moneda para provocar un cruce de palabras y movimientos mutuos? ¿Le pregunto la hora? ¿Que hacemos? ¿Que hago?....
....bajate o dormite qué, como siempre, se acaba de sentar en el asiento de atrás.

lunes, 2 de agosto de 2010

La sensualidad de la duda

Recuerdo, puesto que ha pasado el tiempo, que era una noche de viernes del mes de Julio. Un amigo festejaba su cumpleaños en una confitería (?) que está ubicada en la Costanera; un lugar a los que uno, si va, es por situaciones similares a éstas, un festejo irrenunciable, el aniversario de un ser querido, sino sale grande de muzza en El Imperio….
Mientras pensaba que colectivo me acercaría al lugar del festejo, vi entre las luces de neón y las altas de un taxi veloz, el cartel del 107. Instantáneamente supe que de tomarlo tenía que caminar unas cuantas cuadras desde Ciudad Universitaria a tal recinto, pero sabía de ante mano que era la mejor opción, y a esa altura, la mas rápida (no tomo taxis gente, ¿Cómo y por qué pagar $25 sino por $1,25 llego casi al mismo lugar con diferencia cientos de metros?)
Una vez de haber saludado al chofer y pedir el boleto, decidí sentarme cerca del fondo, en un asiento de esos que parecen esconderlo a uno debido a la altura que tienen los asientos que están delante. Como no era un colectivo que tomaba asiduamente, observé durante todo el viaje por la ventanilla, contemplando las arterias del barrio de Coglhan, las esquinas y sus pintadas, las veredas y la caca de los perros (?) que sobre ellas descansa.
Sabia que me bajaría donde terminaba el recorrido, por lo tanto no estaba preocupado por los nombres de las calles, cada tanto observaba al interior del colectivo para ver cuantos compañeros de viaje tenía. Como suele suceder en estos casos, y más si es de noche, muy pocos son los que van hasta el fin, en este caso, incluso el chofer…….desde mi óptica quedábamos en el colectivo el conductor, una mujer sentada en el asiento delantero y quien escribe, pero lo que la situación me demostró es que desde la óptica de estos lo único que estaba presente en ese vehiculo era el deseo de las “caricias” y de un “round de amor”.
El colectivo no cruzó el puente de la Lugones, detuvo su marcha en una calle aledaña y oscura, supe que tenia que bajarme, pero me mataba la duda de si interrumpir o no el afán demostrativo de cariño, del hasta hacia apenas unos segundos chofer, para con su partenaire…..tomé impulso, rápido salí de mi asiento y toqué el timbre mas inoportuno que jamás habrá oído ese chofer.
Tuve que cruzar el puente a gamba tratando de no morir en el intento (recordar que no tiene senda peatonal) y continuar con mis pasos hasta el lugar del festejo. En todo el recorrido la sensualidad de la duda me abstrajo de tamaña odisea….