martes, 25 de enero de 2011

Ansias de una mañana de lluvia y ANSES

Pone play y perdete en mi ansiedad...sublimada 


Hoy amanecí más temprano que lo habitual. El motivo, un trámite dentro de otro trámite dentro de otro trámite. Luego de enfrentarme a una emulación del recordado personaje de Gasalla que mandaba a todos "para atrás", salí a la calle en busca del bondi. Lo esperé. Llegó y se largó.
En las ventanillas las gotas dejaban sus huellas complicando la visión hacia el afuera. Miles de lunares de agua que comenzaron a deslizarse por el vidrio de una ventanilla apenas abierta.
Me bajé en la esquina de Mitre y Melo, aquí, en Florida Oeste. Era tal la lluvia que decidí quedarme bajo el techo que conforma la parada. Esperé unos minutos y como no amainaba, salté el charco de agua que se reunía contra el cordón y emprendí una veloz carrera que duro hasta el toldo del kiosco de la vereda de enfrente. No quería mojarme. Seguí caminando buscando refugio debajo de lo aleros de las casas, debajo de las copas de los arboles que para ese momento eran enormes brazos que se agitaban verdes.
Fue un instante, un clic de bocho, que ya no me importo la lluvia, la ropa que tenia puesta, la visión perturbada por la mojadura de los lentes, ya no. Comencé a caminar debajo de la tormenta, Me deje mojar, inundar el cuerpo. Metí los pies en los charcos eligiendo el más grande. Desee que se rompan todos los paraguas, que se hayan secado todas las botas en el armario al punto de quedar inutilizables. Quise que por unos minutos se tapen las cañerías de los barrios, que se colmen de hojas los desagotes de Juan B. Justo y Santa Fe y que así por fin, para los días de Verano, tengamos una pelopincho nacional y popular (?)
Fue un ratito, pero fui feliz…felizmente mojado.

miércoles, 19 de enero de 2011

Entre el heroismo y la idiotez

El pibe no tenía más de 12 años. Esperaba el colectivo con las ansias de quien está yendo por la mañana a encontrarse con otros chicos en un lugar donde está permitido correr, jugar, reírse, hacer travesuras. Son días en los que el colectivo se llena de mochilas más grandes que los cuerpos que las transportan, donde las madres emulan a “Manotas”, el pulpo y toman con el brazo que no tienen un hilo de la remera del mas chiquito de los 3 que van a la Colonia al igual que el pibe que espera el bondi.
A lo lejos vienen dos, uno para adelante y empiezan a subir las madres y los niños. El otro colectivo frena detrás y este pibe con musculosa al revés producto de esos amaneceres de verano con los padres corriendo al laburo, sin desayunar y las medias hasta la rodilla, intenta subir y el colectivo le esquiva el gesto. Corre al que se había detenido antes y que todavía esperaba el ascenso de los niños, las mochilas, las madres, las lagañas, los sueños, los berrinches, los retos…Sube. Llega su momento de sacar boleto y el canoso al volante le dice: “1,20, pibe”, si, no estoy equivocado, el chofer le indica y de muy mala forma cuando deberá pagar.
Yo ya me había sacado el auricular para pedir mi boleto, el pibe puso sus monedas y algunas se habían quedado en el bolsillo de esa bermuda tan de pileta y flúor. El chofer nuevamente a la carga: “Vamos con la moneda pibe, dale eh”.  No puedo aguantarme. No puedo. Le pido que entienda que se está dirigiendo a un pibe, a un nene. Que lo trate bien. Que todos los días lo esperamos media hora, bajo lluvia o los rayos del sol, bajo el frio del Invierno y las hojas del Otoño y me manda a quejarme a la empresa.
Sé que las cosas se resuelven de otra manera, que es mejor “no gastar pólvora en chimangos”, pero hay momento que quisiera, casi al unísono de ese maltrato a un pibe de un nervioso con argumentos, que mi cuerpo comience a sufrir unas repentinas convulsiones, que el cuerpo mute en una maciza y verde monstruosidad con la remera rota por achicamiento repentino y pegarle una trompada con tanta fuerza, para que cada vez que suba un pibe le regale un chupetín….porque si no aparecerá “El Increíble Coguzza” (?)

Por si queres musicalizar el momento....

miércoles, 12 de enero de 2011

¿Y esos raros peinados nuevos?

Mas allá de mi gusto por las épocas en las que el frio se hace un lugar entre nosotros, autómatas dormidos, y sin dejar de reconocer que el calor trae consigo ropas sueltas y “curvas peligrosas”, creo encontrar otro argumento más para mi apología del tiempo de bufandas y cuerpos disfrazados de equecos cuando viajo en colectivo en épocas veraniegas sin arena ni montañas y con un cemento infernal.
Resulta que pongo empeño en comprender los arreglos que cada uno hace con su cuerpo, el cuidado de la ropa, la elección de los colores, la gimnasia de quienes se terminan de “tunear” arriba de los bondis, pero que el cuidado del peinado se vuelva una causa inexpugnable al punto de que con 30 grados a la sombra la ventanilla este sellada como si estuviésemos sumergidos en el frio de Praga un 6 de Enero, es algo por lo menos inexplicable.
¿Qué puede llegar a ocurrirnos en caso de que lleguemos despeinados al trabajo? ¿Acaso nos entrará el virus Roberto “Que noche Tete” Giordano en la PC y tendremos que tomar mate y charlar con el de sistemas? ¿Te mirará raro la chica que nunca te miro? ¿Ese chico que tanto queres que te cebe un mate y te pregunte como estuvo el finde, pensas que si no tenes el rulo en su lugar dejara de demostrarte sus artes para invitarte a “dormir una siestita” como dice mi amigo el que baila salsa?
En fin…yo sé que hay cosas peores, como por ejemplo, que este Pituca nos cuente sus deseos…

(Si estas leyendo los deseos del buen comensal, musicaliza tu lectura)