miércoles, 9 de marzo de 2011

Suceptibilidad Laboral

Había una vez un país, en un planeta, en un universo, en el que vivía un narigón de anteojos al que le gustaban los sugus confitados, su mujer y el fútbol, entre otras maravillas y nimiedades.

Este (¿buen?) hombre desde muy temprana edad había comenzado a trabajar y hoy, con poco menos de la mitad de su vida bajo relación de dependencia, se encontró absorto, inerte ante un papel que unía el absurdo con la idiotez, la hija putez con la ironía, el hambre y las ganas de comer. Y si hablamos de comer......

El tema es que este caballero nacido en los 80´pero con aires nostálgicos de épocas pretéritas, trabaja en una empresa que tiene dos sedes. Una de ellas, es la central donde se anidan todos los trabajadores menos 4 de ellos que habitan la otra, y apéndice, sede, entre los que también trabaja nuestro hombre de nariz prominente y con ansias asmáticas de poeta. Por esas cosas de la vida y de la ilógica laboral, los que trabajan en la dependencia que auna a la mayoría del personal, tienen un comedor-cocina donde deben sentarse en horario pactado tácitamente para ser provistos de algún manjar de lunes, martes, miércoles, jueves o viernes de mediodía. El narigón y sus compañeros, o se traen la vianda, o se compran unas empanadas, sanguches de salame y queso, en el almacén de la vuelta, en fin....

Resulta que uno de los que trabaja donde lo hace la mayoría y que está encargado de brindar información en modo recursos humanos, pidió con un mail a todos aquellos que trabajan con la computadora como complemento, que se organizaran nuevamente los horario de almuerzo ya que la mayoría del personal había concluido sus vacaciones y así poder la mesa estar servida para los comensales de horarios pautados.
Sin ser parte de esos que se sientan a la mesa, donde incluso algunos cerdos tratando de lucirse, comen jamón (Patricio dixit), pero como portador de una casilla de mail interna, ese mensaje llegó al buzón del apinochado trabajador, que haciendo uso de su simpatía carente de inocencia, respondió a sabiendas que ese mail llegaría a todos sin fronteras ni excepciones: "¿A qué hora me toca a mí? (?)", recibiendo respuestas diversas y entre risas de aquellos que a 30 cuadras disfrutan de que les sirvan un plato de comida seguramente más calórica que uno de mortadela y queso, sin embargo, sin embargo…..

Ayer, nuestro héroe cibernético llegó a su trabajo y su jefe, que también trabaja a 30 cuadras se hizo presente y lo invito a charlar a solas. Como buen narigón (?) mientras caminaba a la cocina, pensaba, elaboraba silogismo tras silogismo, tratando de dilucidar cuál sería el motivo de esta invitación un tanto extraña, hasta que lo vio delante suyo. Era su mail acompañado por la cantinela empresarial, esa que se asusta cuando hay que darle un mango mas al trabajador, y por una nota que lo invitaba a firmar un apercibimiento. Saben ¿por qué? Porque el mail se usa para trabajar y no para joder, según el dueño, que la semana pasada envió un mail invitándonos a que le recemos a un ángel que toma soda en envase de vidrio y que la anterior, nos había enviado otro, en el que nos invitaba a pensar en adoptar perros que la gente deja en la calle.
En fin, el mundo está patas pa´ arriba!

"...pida lo que usted quiera señor, el limite es el cielo señor..."