lunes, 11 de julio de 2011

Entre 80 y 93

Cansada de escucharme reflexionar sobre los pormenores de la vida colectiva en los colectivos, mi mujer me dijo: “Aprendes a manejar y te compras un auto o hago “la gran Van Gogh” y no te escucho mas”.
Ni lerdo ni perezoso (?) me dirigí a la inmobiliaria más cercana y compré (para los dos eh!) un PH modelo sesenta y pico, lindo, cómodo, familiar. Eso sí, anda muy despacio (?)!!!
El tema es que para llegar al trabajo y debido a la poca velocidad que alcanza “la nave” he decidido seguir invirtiendo parte de mi tiempo entre asientos y monedas, con la particularidad de que al quedar ubicado el estacionamiento en Villa del Parque, debo combinar paradas y colectivos. Producto de ésta combinación es que lo pude ver a él cruzando la avenida Alvarez Thomas en el amanecer de un día que fue y seguía siendo noche por las bondades del invierno y de un país a cuatro quesos estaciones.
Una vez en avenida Los Incas, se acercó al puesto de diarios que está en la periferia de una Shell. Lo vi dar unas vueltas alrededor del puesto como quien busca un libro en una librería desconocida hasta que indefectiblemente, y producto de la resignación, se acerca al vendedor y pregunta por el tesoro literario. A la distancia pareció que la resignación le ganó, de tal manera, que sin titubear cruzó la avenida y para cuando el 80 arrancó, él ya estaba en la puerta de la Farmacity que está en la intersección de la avenida Chorroarín y Los Incas.
Estaba fresco, pero con su pullover se ve que la alcanzaba. Los primeros rayos del naciente sol comenzaban a desperezar a los edificios que, entre lagañas y porteros que ya inundaban las veredas, hacían parpadear a sus disimiles ventanas. En mis oídos Piazzolla hacia estallar el fuelle y cuando en el horizonte apareció el 93 lo perdí de vista al intentar contar las monedas que había sacado del bolsillo trasero de mi pantalón.
¿Dónde está ese que hasta hace unos instantes acompaño mi espera matinal y citadina con su andar? me pregunte al tiempo que el colectivo se detenía. Subí y cuando arroje la ultima moneda, lo vi.
Estaba junto a un árbol y comenzaba a levantar la pata...

2 comentarios:

Federico Piva dijo...

El hombre de la ficción constante...Cómo hacer de lo cotidiano, lo banal, algo apreciable, destacable, que nos de ganas de detenernos para leer unas líneas del gran coguzza, nostálgico y alegre a la vez.

Anónimo dijo...

Hola, hemos agregado un trackback (enlace hacia este artículo) en el nuestro ya que nos pareció muy interesante la información detallada pero no quisimos copiarla, sino que nuestros lectores vengan directamente a la fuente. Gracias... www.simitporplaca.net