jueves, 3 de noviembre de 2011

La plaza del hospital

Caminé por la avenida Emilio Castro unos metros, luego de bajarme del 113, y doble en Martiniano Leguizamón. Pude ver ese chalet enorme que en los tiempo de plaza y contar hasta cien era de los que rompían la hegemonía edilicia del barrio, ese oasis tan cercano y familiar que era nuestro mundo.
Pasé por la guardia del hospital Santojanni y vi a un niño cruzando la calle detrás de una pelota que se había escapado de los límites del terreno, abstracto, de juego. Sonaron las campanas de la Iglesia del colegio San Jose y me quedé observando cómo sus amigos aguardaban el regreso del balón y del amigo-jugador.
Lateral para los que atacaban hacia la calle Caaguazú. El arquero de estos, que ocupaba el arco que daba a la calle Patrón sentado al lado del buzo que hacía las veces de palo, escuchaba una radio portátil y gritaba: Gol de Wensel. Banfield 1 - Platense 1. La pelota pegaba en el tobogán y el juego no se interrumpía, algunos hasta tiraban paredes con un árbol que había quedado dentro del campo (y que no podía ser corrido como un perro). Todos corrían de aquí para allá detrás de la pelota que simpática se movía incansablemente.
Hubo muchos goles y jugadas discutidas, como esa en la que los que atacaban por derecha (o por la calle Murguiondo) y luego de un centro atrás, uno cabeceo y la pelota fue hacia el arco pero a una altura que al arquero le permitía afirmar y sostener que la pelota había sido "alta" mientras que el otro equipo reclamaba y quería festejar el gol.
Corrieron un rato mas. El sol ya empezaba a irse y con el aquellos que vivían a unas cuadras de la plaza y que se habían salteado el almuerzo por el picadito. Los demás se quedaron tirados tomando de la botella que era llenada en la canilla del hospital para no llegar con la boca seca a sus respectivas casas y poder decirles a sus viejos que de poder elegir la mejor cancha para jugar al futbol es y será la plaza...y si es la del Santojanni, mejor!!

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